Agostina Vega tiene catorce años. Las dos últimas fotos de ella con vida aparecen en el expediente. En ambas se la ve atada con una correa beige y un repasador. Según el expediente que investiga su muerte, las encontraron en el celular de Claudio Barrelier, acusado por su femicidio. Agostina está sobre la cama de una plaza en el taller delantero de calle Juan del Campillo 878, en barrio Cofico, a metros del centro de la ciudad de Córdoba. Es la una y cinco de la madrugada del domingo 24 de mayo de 2026. Apenas unas horas antes el terror que atraviesa su cuerpo, era puro entusiasmo y adrenalina porque Barrelier, a quien consideraba su padrastro y ella “quería como un papá”, le había hecho creer que iban a preparar una sorpresa para su mamá.
Un mecanismo aceitado de depredación que, en la siesta del 6 de mayo de 2025, había terminado con una joven escapando semidesnuda de la misma casa, tras zafarse de las ataduras hechas con cinta transparente. Y con una causa que cayó en manos del fiscal Iván Rodríguez, quien liberó a Barrelier de la cárcel a los 20 días, mediante una fianza gestionada por el abogado penalista y ahora ex concejal oficialista, Ricardo Moreno.
Como en un aniversario del horror y la impunidad, aquel 26 de mayo de 2025 Barrelier salió en libertad, y el 26 de mayo de 2026 fue detenido y acusado por el femicidio de la adolescente de 14 años.
SÁBADO 23 DE MAYO
18.22hs: A los pocos minutos de retirarse del cumpleaños de barrio Villa Azalais al que había asistido con su madre y Barrelier, Agostina le envía un audio de seis segundos a sus mejores amigas del colegio (M.C.P. y L.M.S.) en el que les explica por qué no puede juntarse con ellas esa tarde: “No sé por qué tengo que ir con el novio de mi mamá, para hacerle una sorpresa a mi mamá me tengo que escapar”.
“No sé por qué tengo que ir con el novio de mi mamá, para hacerle una sorpresa a mi mamá me tengo que escapar”.
21.47hs: Tres horas más tarde, mientras ultima los detalles con Barrelier antes de subirse al remis que la llevará engañada al taller de calle Juan del Campillo 878, la adolescente publica un estado en su cuenta de WhatsApp: “Alto plan de escape estoy haciendo. JAJSJSJSJSJS”. Ahora, un metro más allá de la cama, sobre la mesa de trabajo, donde hay herramientas y un frasco de aerosol rojo, vibra la pantalla del iPhone 13 de Barrelier y entra un mensaje de WhatsApp de la madre de la adolescente:
—¿Qué te pidió la Agostina a vos hoy, que me pidió tu número? —escribe la mujer, angustiada, desde la vivienda de barrio General Mosconi, sin sospechar que su hija está secuestrada a pocas cuadras.
En ese preciso instante, mientras en el navegador móvil de su teléfono se reproduce un video del sitio pornográfico Xvideos.com, Barrelier responde con la máscara de Claudio, haciendo uso de la confianza que construyó durante años:—Me pidió si la podía llevar a la casa de un amigo, y le dije que no tenía movilidad —miente.
—¿Qué amigo… de dónde? —insiste la madre.
—No me dijo.
—Hace como tres horas que se fue y no aparece. No sé qué hacer si llamar a la policía, y le pregunté a las amigas y no está con ellas. La llamo y tiene el cel apagado.
Melisa Heredia está desesperada. Aún no sabe que está hablando con quien luego será el principal sospechoso del crimen de su hija. Hace apenas cinco meses, el 13 de diciembre de 2025, le envió un mensaje a su mamá Elizabeth del Valle F. a través de Whatsapp que revela la imagen de ‘protector’ que tenía de Barrelier: “Claudio nos cuida nunca va a dejar q nos pase nada es más le conté lo que me hizo F. y tenía ganas de hacerlo cagar”.

En la misma línea, el 25 de abril de 2026, a las 08:20 Agostina publica en sus redes una foto con Barrelier. Ambos salen sonriendo en un kiosco de barrio General Bustos. Agrega una frase sobre la imagen: "Aunque no sos mi papá te considero como uno, desde que te di mi confianza nunca me fallaste, sos tan bueno conmigo que hasta re considero un papá @claudiogarbiel92".
"Aunque no sos mi papá te considero como uno, desde que te di mi confianza nunca me fallaste, sos tan bueno conmigo que hasta re considero un papá @claudiogarbiel92"
DOMINGO 24 DE MAYO
Entonces, la madrugada en la que Agostina ya estaba desaparecida, Barrelier despliega una maniobra de manipulación para paralizar la reacción de la madre, según explican fuentes de la investigación. Sabe que puede controlarla bajo la fachada de ‘protector’ que ha construido a lo largo de los últimos años:
—Si llamás a la policía te pueden hacer estudios y estuviste consumiendo —le responde por mensaje. Busca asustarla con sus adicciones para ganar tiempo.
—¿Eso qué tiene que ver? Dejá, no sé para qué te escribo —reacciona Melisa.
—No seas tan salame, no te pongas así. Ahí te aviso así me decís dónde estás.
Mientras la mujer sale a buscar a su hija por las calles del barrio, en el taller de calle Campillo, y de acuerdo con las pericias médicas y la acusación de la fiscalía, Agostina habría sido sometida a un acceso carnal violento y sofocada hasta la muerte por estrangulamiento.
4.42hs. Cuatro horas más tarde, Melisa vuelve a marcar su número y llora en el teléfono.
—Hola, hola... ¿Ey, no te habló la Agostina?
—No, no me habló. Te dije que hablé temprano con ella, pero después no sé, no sé más nada.
—Ay boludo, sabés que a las amigas les dijo que vos la ibas a pasar a buscar y que la ibas a llevar no sé dónde...
—¿Que yo la iba a pasar a buscar?
—Estoy desesperada boludo, todavía no aparece... Tiene el teléfono apagado.
Barrelier responde de forma pausada y serena. El cuerpo de Agostina estaría a su lado, ya sin vida, sobre el colchón. Durante las horas siguientes, según la hipótesis fiscal reconstruida en el expediente, el imputado habría trasladado el cadáver de la adolescente al baño de la parte de adelante de la casa. Allí, según figura en la causa, primero lo habría desangrado y luego desmembrado en once partes. Habría sucedido sobre el piso de la ducha. También según la investigación, habría colocado sus restos en el freezer familiar ubicado al fondo de la casa.
18.30hs: El mismo domingo, Ariel Torres, el remisero que trasladó a Agostina el sábado a la noche, se entera de la búsqueda y llama a la madre de la adolescente para decirle que se bajó en Cofico y describe al hombre que le pagó. Melisa reconoce en la descripción a Barrelier y a las 18:30 va a la Unidad Judicial N°13 para ampliar su denuncia.
La cronología de ese tramo, reconstruida por las cámaras de seguridad, el tráfico de celdas telefónicas y el GPS del celular de Barrelier, es la siguiente:
LUNES 25 DE MAYO
10.55hs: Claudio Barrelier llega a su casa de calle Juan del Campillo 878 en el Ford Ka negro que le había prestado minutos antes Soledad Andreani.
11.08 a 11.13hs: Durante cinco minutos, cargó en el baúl y en el asiento delantero los recipientes que contenían los restos (una conservadora con tapa blanca, un balde de pintura de 20 litros y un tacho claro) junto a una pala corta.
11.15hs: Salió de la casa de barrio Cofico hacia Ampliación Ferreyra.
11.32hs: El domo policial de la esquina de las calles Perelló y Baragaña registró el ingreso del Ford Ka en el descampado de Ampliación Ferreyra.
11.33 a 12.15hs: Permaneció aproximadamente 40 minutos en el lugar. Las geolocalizaciones por GPS de su teléfono lo ubican físicamente cavando y ocultando los restos en el terreno entre las 11:53 y las 12:09.
12.15hs: El mismo domo captó la salida del Ford Ka negro del descampado, ya sin los bultos en el asiento, con las ruedas cubiertas de barro y con Barrelier con ropa distinta a la que llevaba al salir de su casa.
12.32hs: Vuelve a la casa de Soledad Andreani, en barrio Yofre.
Barrelier conoce el terreno de 250 hectáreas, propiedad de Sergio Gustavo Rochetti, donde aparecieron enterrados los restos de Agostina. Sabe que no está alambrado, que se usa para cultivos, y que tiene acequias de riego. Una expareja suya vivía en barrio Ferreyra, y él solía atravesar esos campos para cortar camino hacia la ruta al visitarla.
Las pericias concluyen que eligió estratégicamente los márgenes de las acequias porque la humedad del suelo facilita la excavación manual y porque allí, durante las tareas de siembra, no pasa maquinaria agrícola que pueda remover la tierra.
Ese mismo día, el padre de Agostina, Gabriel Vega, al enterarse que Barrelier era la última persona que había sido vista junto a su hija lo busca en la casa de Soledad Andreani. Allí, la encargada de Wachitas Bar y pareja o ex pareja de Barrelier, le dice que la adolescente estuvo hasta las 3:00 de la madrugada en la casa de Cofico y que después se fue en un auto Gol gris. Por estos dichos, la mujer está acusada de encubrir a Barrelier.

MARTES 26 DE MAYO
Recién el martes 26 de mayo a la noche Claudio Barrelier es detenido, acusado de privación ilegítima de la libertad calificada, tras comprobarse mediante cámaras de seguridad privadas que había entrado caminando junto a Agostina a la casa de barrio Cofico la noche de su desaparición. Esas imágenes son las últimas que se registran de Agostina.
Durante la detención, a Barrelier le secuestran su teléfono, donde a través de las pericias son halladas las fotografías de la adolescente, con vida y maniatada, y los rastros digitales que permitieron a los peritos reconstruir uno por uno sus movimientos, la base para la acusación de la fiscalía.
SÁBADO 30 DE MAYO
Cuatro días más tarde -o tres, según la versión no judicial- los perros de búsqueda del fiscal Raúl Garzón encuentran los restos de Agostina. Casi siete días después de su desaparición, 154 horas desde que subió al remis pagado por el acusado de su femicidio.
¿Podrían haberla encontrado antes? ¿Podrían haberla encontrado viva? Lo cierto es que el domingo 24 de mayo a la tarde, antes de cumplirse 24 horas de su desaparición, la Policía ya tenía el dato -aportado en la ampliación de denuncia hecho por la mamá de la adolescente- que el ex becario de la Municipalidad de Córdoba había sido la última persona vista con la adolescente.
Desmembrar al acusado
Tal vez porque confió en la impunidad política que lo apadrinaba o en la manipulación que ejercía sobre quienes lo rodeaban, Barrelier dejó huellas. Según surge del expediente, el acusado habría dejado rastros digitales decisivos y que permitieron a la Policía Judicial y a la D.I.O. llevar adelante un análisis minucioso, un desmembramiento digital en el que cada uno de los argumentos de la defensa fue cuestionado. Así en el expediente pasa de ‘becario municipal con mujer e hija’ a un hombre con una arquitectura metódica de la violencia.
Y aunque se peritaron más de 40 teléfonos, fue la memoria caché recuperada de su iPhone la que arrojó las 377 búsquedas en sitios pornográficos bajo filtros de violencia y sometimiento. Después se confirmó que Barrelier desconectó el sensor de movimiento para ingresar a Agostina en penumbras a su casa y que anotó el patrón de desbloqueo del celular de la adolescente en sus notas digitales.
El cómputo de pasos de la aplicación Salud también de su teléfono registró su frenético desplazamiento por la casa en las horas en que Agostina permanecía inmovilizada y amordazada; también según los análisis informáticos presentados en la causa, el acusado habría consultado la plataforma Weather para verificar el estado del terreno para planificar el descarte de los restos de Agostina en un lugar sin barro; en la madrugada del lunes 25 de mayo, entre la 01:16 y las 02:20, buscó en Google Maps posibles destinos de enterramiento como "Dique Dumesnil", "Cueva de los murciélagos" (La Calera) y la "Entrada a Saldán". Y, finalmente, los registros de geolocalización por GPS marcaron sus coordenadas exactas en el descampado de Ampliación Ferreyra.
En paralelo, las pericias sacaron a la luz un segundo teléfono: un Samsung Galaxy A14 que estuvo activo el sábado 23 y la madrugada del domingo 24 de mayo. Este aparato fue ocultado por el imputado en la mesa de luz de su dormitorio matrimonial y no fue encontrado durante el primer allanamiento. Lo secuestraron en el segundo procedimiento el 29 de mayo. Además los peritos constataron que el 27 de mayo entre las 11:26 y las 11:27 —mientras Barrelier ya estaba en prisión— fue encendido para restablecer “los valores de fábrica”. Borraron su contenido mediante un formateo remoto.
Pese a las maniobras de limpieza digital, el análisis del iPhone 13 arrojó elementos irrefutables. En la aplicación "Notas" de ese celular, los peritos encontraron conservado el patrón numérico "130426", correspondiente a la clave de desbloqueo del teléfono de Agostina. Con ese código, la noche del crimen Barrelier habría accedido al dispositivo de la adolescente que aparición sin la tarjeta SIM, con la pantalla destrozada para inhabilitarlo y con sus rastros borrados.
La extracción de la memoria caché rescató archivos ocultos que el imputado creyó eliminados: a las 00:07 del 24 de mayo, dos fotos del celular destruido de la adolescente, a las 00:17, dos fotografías de Agostina atada sobre la cama del taller donde desde hacía 20 días dormía Osvaldo “Chapu” Fassetta. Agostina aparece iluminada por una lámpara dorada sobre el fondo de la pared pintada con aerosol rojo con leyendas de Instituto.
El relevamiento forense sobre el historial de navegación del celular que usaba Barrelier mostró 377 búsquedas en el portal pornográfico Xvideos.com entre el 6 y el 20 de mayo de 2026. El análisis del especialista Martín Argibay determinó que no se trataba de un consumo azaroso, sino de “una fijación temática preordenada”. La combinación de los términos "padrastro" e "hijastra" figuró en más de 100 oportunidades, combinadas con palabras clave como "abuso", "desfloración", "acceso libre", "pérdida de virginidad" y "joven flaca con flequillo".
Esta actividad digital guardaba una sincronía exacta con los diálogos que Barrelier entablaba en la vida real. Siempre según las pericias en el expediente y confirmado con fuentes de la investigación, Barrelier se había presentado ante Agostina como un "padrastro protector" para ganarse su confianza. El 25 de abril de 2026 a las 08:20, un mes antes del asesinato de Agostina, Barrelier capturó en su pantalla el estado de WhatsApp que le había dedicado Agostina y donde le decía: "Te amo Claudio, aunque no sos mi papá te considero como uno, desde que te di mi confianza nunca me fallaste...". El psiquiatra Argibay concluyó que la conservación de esa captura demuestra la plena conciencia del victimario sobre el grado de sometimiento psicológico alcanzado sobre la adolescente.
El cruce entre las búsquedas en internet y los chats con su círculo íntimo en los días previos al crimen expone la intensificación de su impulso: el viernes 15 de mayo, a lo largo del día, Barrelier tipeó búsquedas complejas: "mantén la boca cerrada y las piernas bien abiertas", "papá, no soy virgen!", "se siente tan bien papá", "videos de defloración" e "hijastra duerme con papá". A las 23:29, le escribió a Agostina por Instagram: "que onda gorda como estás", "que pasa que no contestas". La adolescente lo ignoró. Apenas ocho minutos después de no recibir respuesta (23:37), volvió al buscador de Xvideos e ingresó otros términos similares.
"Estoy al borde de mandarme un mocaso que lo que me frena sos vos, si vos ya no estas conmigo nada me importa, porque al final pienso que B. (su hija con Marianela Palmero) va a estar mejor sin mi"
La tensión entre el impulso y la frustración de la nula respuesta de Agostina, quedó al descubierto en los mensajes que envió a sus allegados, sostiene una fuente de la investigación. En la madrugada del sábado 16 de mayo, a las 03:55 AM, Barrelier le envió un mensaje de WhatsApp a su amigo e inquilino del taller, Osvaldo Fassetta: "Nada hermano me agarró la boludes ganas de echar moco, tengo impotencia y mucha adrenalina, estoy tratando de calmarme así no me la mando". Horas más tarde, las búsquedas porno continuaron en su celular con los términos "quieres follar a mi hijastra..." y "paciente ata y flequillo sexy".
El domingo 17 de mayo a las 01:16 AM, le escribió a su expareja Soledad Andreani revelando el descontrol de sus intenciones: "Estoy al borde de mandarme un mocaso que lo que me frena sos vos, si vos ya no estas conmigo nada me importa, porque al final pienso que B. (su hija con Marianela Palmero) va a estar mejor sin mi". La revisión del teléfono Samsung S21 de su pareja Marianela Palmero mostró que el consumo de sexo violento por parte de Barrelier era conocido por su pareja. En chats de 2025, Palmero le reclamaba por ruidos nocturnos en el taller delantero: "se acaba de escuchar un grito", "todo bien xq se escuchan gritos" y "subí la música porque se escucha tu voz".
En su declaración judicial del 21 de agosto de 2026, Palmero reconoció además que en 2025 revisó a escondidas el celular de Barrelier al quedar encendido y encontró videos de tríos, uno de ellos grabado en el comedor de su propia casa y filmaciones de mujeres sometidas y atadas de manos y pies con esposas metálicas a un sillón rojo en una habitación de color morado. Lo que vio quedó expuesto en una carta que le escribió a Barrelier en noviembre de 2025, donde manifestaba angustia y admitía tenerle miedo.
El registro fotográfico de 2024 no surgió de la causa de M.M. en 2025 ni de las pericias iniciales de 2026: se obtuvo del análisis de la memoria caché de su teléfono. Las pericias de la D.I.O. recuperaron dos fotografías de 2024 que mostraban a una mujer maniatada a la espalda con cinta adhesiva transparente ancha, donde se identificó a Barrelier por un anillo tipo sello en la mano izquierda. De la misma memoria surgieron cuatro imágenes de ese año en las que la misma mano —reconocida por sus tatuajes— empuñaba armas de fuego. Este hallazgo corroboró los dichos de Marianela Palmero sobre las ataduras en la vivienda y, según los peritos, podría confirmar un patrón de inmovilización previo al hecho de Agostina Vega, demostrando que la metodología mantenida a lo largo de los años fue exactamente la misma.

En esa misma línea de sospechas sobre la extensión de la trama, Fernanda Alaniz —abogada representante de Gabriel Vega, padre de Agostina y pieza clave en el aporte de pruebas e instancias de imputación— criticó abiertamente la elevación a juicio dispuesta por el fiscal Raúl Garzón. Alaniz declaró públicamente que existirían al menos seis mujeres más que habrían sufrido abusos sexuales por parte de Barrelier y sostuvo, junto al padre de la adolescente, que la red de complicidades no se agota en los acusados actuales. La querella apunta directamente a la madre de Barrelier, Viviana Estela Brizuela, y a su hermana, Ángela "Angi" Barrelier, por presuntas conductas de colaboración o encubrimiento, así como a Mario Alberto Muñoz (alias "tele vieja"), quien estuvo presente en la vivienda de calle Juan del Campillo la noche del lunes 25 de mayo, “participando de la reunión del círculo íntimo” de Barrelier mientras transcurrían las horas más críticas de la búsqueda.
El caso también golpeó a la Justicia: los fiscales Iván Rodríguez y Raúl Garzón fueron denunciados ante la Legislatura de Córdoba con pedidos de Jury de Enjuiciamiento para investigarlos por mal desempeño. Legisladores opositores y organizaciones sociales le cuestionan a Rodríguez haber liberado bajo fianza a Barrelier en 2025 tras apenas 20 días detenido por el caso de M.M. A Garzón, en tanto, le recriminan las demoras para tomar la denuncia de la familia, la tardanza en activar la Alerta Sofía y la lentitud para allanar la casa de barrio Cofico en las horas clave de la búsqueda.
Hay algo en Barrelier, y registrado en el expediente, que conecta su cabeza con la casa, los barrios que utiliza, los vínculos: territorios fragmentados intencionalmente para ejercer mayor control. Como si se tratara de un laberinto, o de un pulpo en el que cada tentáculo fuera el poder o la capacidad de manipular a otras personas, en especial mujeres, vulnerables por la edad, por las drogas, por el amor, por ciertas orfandades. Lo revelarán las pericias a su casa que ni siquiera es su casa sino la de su pareja, y a los teléfonos y computadoras sobre los que actuaba.
Lo detallarán las 234 páginas de la investigación a cargo del fiscal Raúl Garzón, que lo lleva a juicio oral y público acusado por abuso sexual y homicidio triplemente calificado (criminis causa, alevosía y violencia de género), y que prevé prisión perpetua. Y suma otra imputación por tenencia de material de abuso sexual infantil (MASI), dispuesta por el fiscal Juan Ávila Echenique. Además, hay cinco imputados por encubrimiento: Marianela Soledad Palmero ("Mar"); Osvaldo "Chapu" Fassetta; Soledad Andrea Andreani ("Sol"); Matías Jesús Córdoba; y Eugenia Ludmila Ascarruz.
La casa, como las celdas de los teléfonos peritados, describe un circuito que obró de escenario para su ritual atroz donde los cuerpos de las mujeres atados y sometidos, fueron además registrados, filmados, y fotografiados.
—¿Cuál considera usted que es el motivo por el cual Claudio Barrelier desmembró a Agostina Vega después de matarla?
Y Raúl Garzón, el fiscal a cargo de la investigación y también el de la nefasta conferencia de prensa donde elogió el trabajo de los perros en la búsqueda tardía de Agostina, procederá a hacer una especie de mea culpa de ese día y arrojará una hipótesis que dejará a la pobreza en el centro de la escena. Garzón dice algo tan simple que indigna, porque una espera que semejante atrocidad tenga una explicación atroz, pero no, la explicación del fiscal, tras analizar cada movimiento y prueba, es la siguiente:
—Mire, para mí la desmiembra porque no tenía auto, ni garage. La cochera era un cuarto, donde la mata. Si usted se fija en los últimos femicidios de jóvenes vulnerables social y economicamente, en Córdoba, como Camila Merlo, Brenda Torres, o Anahía Bulnes, tienen en común que los femicidas no tenían plata. Nadie puede sacar un cuerpo entero de un lugar sin ser descubierto. Por eso descarto de plano la pista del narcotráfico. He tenido a cargo casos de narco, y el narco te mata a los chicos y te los deja a la vista, para darte un mensaje. Barrelier hace todo para ocultar el cuerpo de esta niña. No tenía auto propio ni garaje donde guardar un vehículo. Cuando la mató en el taller, se encontró con un cadáver y no tenía cómo sacarlo a la calle a la vista de los vecinos ni dónde meter un auto para cargar el cuerpo. El desmembramiento fue su única solución mecánica y logística: cortar el cuerpo en pedazos en la ducha del baño, meter las partes en bolsos y en el freezer, y salir después a pedir prestado el auto de su ex pareja para ir a tirarlo al descampado. Sabía hacerlo, le encontramos bibliografía.
—¿Cuáles son las pruebas que usted recolectó para dar cuenta de que él sabía desmembrar un cuerpo?
FG—Le encontramos libros que tratan la temática.
—¿Qué libros?
FG—Libros de crímenes. También contaba con bibliografía donde él sabía cómo debía actuar un homicida en este tipo de hechos, cómo debía aislarse en su búnker, cómo se han cometido crímenes de cierta notoriedad para no ser descubiertos. También recordemos que Barrelier trabajó en una curtiembre y contaba con un cuchillo apto. Primero desangró y después cortó.

Esta nota, escrita en el marco del Laboratorio de Periodismo Red Lab de FOPEA y GNI, comenzó primero con el objetivo de analizar la trama política detrás del femicidio de Agostina Vega. La noche, los vínculos del imputado y el poder, el mapa de abogados dueños de boliches y pagadores de fianzas, concejales post ex concejales, una línea que la Justicia necesariamente debiera investigar ya que explica en gran medida la presunta impunidad con la que el acusado actuó, antes, durante y después.
Sin embargo, tras acceder al expediente, entrevistar a testigos y fiscales, analizar la prueba en contra de Barrelier, y relevar lo publicado en medios de comunicación locales y nacionales acerca de si Agostina se ponía pupera, que si tomaba alcohol, que si faltaba a la escuela, que si no era virgen, o que cómo una nena se escapa de noche sola, me pregunté qué puertas de este laberinto de 234 fojas abrir para diseccionar a Claudio Barrelier. Me pregunté qué maniobras técnicas utilizar para dividir, separar y aislar sus diferentes tejidos, hasta lograr exponer el área de interés para trabajar de manera segura y precisa.
Bastan unas pocas páginas con pericias y testimonios para trazar una primera hipótesis: Barrelier -para las mujeres que manipula, controla y violenta- es Claudio, alguien que se muestra y trata a unas como pareja, a otras como amantes, y a Agostina como un padrastro. Sin embargo, en la intimidad de su casa fragmentada y laberíntica, Claudio es Barrelier, alguien que a través de cámaras, celulares, computadoras y ambientes insonorizados, controla cada movimiento que pueda interrumpir o alterar sus presuntas depredaciones sexuales y, según la Fiscalía, en el caso de Agostina, también presuntamente asesinas.
En la casa de Juan del Campillo 878, en barrio Cofico de la ciudad de Córdoba, la faena de Barrelier convivió simultáneamente, paredes y puertas de por medio, con la cotidianidad de la escena familiar, con juguetes esparcidos, con la risa de su hija y con el silencio de su pareja, mientras en otra habitación, en otra celda, una nena casi adolescente, una adolescente casi nena, habría sido violada, asesinada y desmembrada.
Cerca de las dos y media de la madrugada del domingo 24 de mayo, Marianela Palmero escuchó un grito de hombre seguido por el estruendo de un golpe seco en la mampostería.
—¡La puta que te parió!
Según declaró Palmero, le pareció la exclamación de alguien a quien algo le había salido mal e inmediatamente después escuchó que Barrelier ponía la música en el garage más fuerte.
—¿Qué fue ese ruido? Otra vez se vuelve a escuchar eso —le escribió a Barrelier.
—Acá no fue. Déjame de joder, borrá todo.
Palmero vació el chat y eliminó la conversación de la papelera de reciclaje. No llamó al 911 ni fue a verificar lo que ocurría en el portón delantero. Bajo el efecto del Ketorolac que Barrelier le había dado horas antes, por un dolor de muela que tenía, volvió a dormirse hasta las ocho y media de la mañana, cuando la luz de la habitación se encendió.
Barrelier ingresó al dormitorio vestido con ropa completamente diferente a la de la noche anterior: llevaba un jogging gris y un buzo marrón de la marca Penguin. Traía dos platos con empanadas de atún y aros de cebolla que no había cenado la noche previa. Le pidió a Palmero que le buscara el horóscopo y una canción en la inteligencia artificial de su teléfono iPhone 13 y se acostó a dormir de corrido.
Las evaluaciones interdisciplinarias del Gabinete de Psicología y Psiquiatría Forense concluyeron de manera unánime que Claudio Gabriel Barrelier no actuó bajo un brote psicótico ni producto de un impulso desorganizado, sino mediante una estructura de conducta consolidada en la violencia sexual asimétrica, “siendo plenamente imputable al comprender la criminalidad de sus actos y dirigir sus acciones”.
De acuerdo con los dictámenes del doctor Martín Argibay, la licenciada Florencia de Gaetano, la licenciada Viviana Cadenazzi y el doctor Gabriel Brandán, el acusado presenta rasgos de personalidad narcisista y psicopática, marcados por la ausencia de empatía emocional, la cosificación utilitaria de los demás y una descalificación transversal hacia la figura femenina.
Los especialistas destacaron su “notable” capacidad de compartimentación conductual, aptitud que le permitía alternar agresiones brutales con interacciones cotidianas de bajo nivel de estrés —como responder los llamados de la madre de la víctima o consumir alimentos junto a su familia instantes después del hecho—. Con un estilo discursivo altamente manipulador, orientado a la victimización y a la proyección masiva para imputar la responsabilidad a otros o incluso a las propias víctimas y preservar una imagen de sí mismo exenta de culpa.












