Como todos los días, desde hace 34 años, Laura Tassara abre las puertas de la Biblioteca Popular Benito Nazar en el barrio de Villa Crespo. En pocos metros cuadrados funciona un tesoro literario que, en estos días de crisis, recibe más visitas de las normales. Comprar libros se volvió difícil: muchos sueldos no alcanzan para llegar a fin de mes y el nivel de morosidad de las familias es el más alto desde 2010. Una de las soluciones es el préstamo de libros, una opción que es la esencia de las bibliotecas populares como la de Villa Crespo, en la Ciudad de Buenos Aires, y también en los rincones más alejados de Argentina.
Tassara hace malabares en un escritorio de madera de tres metros repleto de señaladores, lapiceras y de los nuevos títulos que tiene pendiente de incorporar al catálogo. Con una mano anota el pago de una cuota y, al segundo, busca la versión más actualizada de un libro solicitado por mail. Una adolescente ingresa por las pequeñas puertas plegables para buscar un libro que le pidieron en la escuela mientras una jubilada se asoma y anuncia que la próxima semana pasa para abonar las cuotas adeudadas.
Tassara descansa la vista solo unos segundos en la plaza que está enfrente. Luego de la pandemia de coronavirus iniciada en 2020 -explica- la demanda en la biblioteca creció. “En momentos de crisis cuando no podés comprar libros o cuando necesitas que la lectura te acompañe, estos espacios se convierten en verdaderos refugios para la comunidad. Ya lo vivimos en el 2001 y ahora el fenómeno se repite”, reflexiona.

María Inés Nazar es la responsable de que exista la Biblioteca Benito Nazar en la calle Antezana al 340. En 1927 convocó a las y los vecinos que vivían en esta zona de Buenos Aires para tener un lugar de pertenencia. Era la hija de un militar argentino, el general Benito Nazar, y es recordada por su compromiso con su comunidad. A punto de cumplir 100 años, la asociación tenía la misma misión que las sociedades de fomento y uniones vecinas que se crearon en todo el territorio argentino: apostar por el encuentro comunitario.
El Club Benito Nazar mantiene el espíritu original de su creación. Además de la biblioteca, ofrece atención médica, un espacio gastronómico, actividades deportivas y sociales, un salón para eventos y espacio para lectura. Las bibliotecas populares fueron, son y seguirán siendo lugares de sostén, encuentro y diálogo para quienes apuestan a la lectura como una herramienta de bienestar individual y también colectivo.
La primera biblioteca popular argentina la fundó Domingo Sarmiento en la provincia de San Juan en 1866. Se inspiró en el modelo de Club de Lectores de Benjamin Franklin, padre fundador de Estados Unidos y lo adaptó al territorio argentino.
Desde hace 156 años, la Comisión Nacional de Bibliotecas Populares (CONABIP) mantiene su esencia de movimiento pionero en América Latina y de pilar fundamental para el desarrollo cultural del país. Fue creada en 1870. En 1986 tuvo su ley, la número 23.351. En el artículo segundo de la Ley de Fomento y apoyo a las Bibliotecas Populares se garantiza el ejercicio del derecho a la información; además de fomentar la lectura y otras técnicas aptas para la investigación, la consulta y la recreación. El trabajo de la CONABIP superó los avatares políticos, económicos y sociales de la historia Argentina y, actualmente, nuclea a más de 1500 bibliotecas en todo el país.
En total es un universo de más de 20 millones de libros y 30.000 voluntarios que aportan su tiempo, conocimiento y entrega para acompañar a las lectoras y lectores que acuden en busca de títulos, afecto y pertenencia. Para mantener vivo y activo el encuentro se generan actividades para integrar, encontrar y dialogar. Una batalla contra el individualismo, la fragmentación social y la hiperconectividad que se convierte en faros en muchos rincones de Argentina cuentan sus responsables.
La cuota mensual para asociarse a una biblioteca popular en Argentina ronda entre los $2.000 y los $8000 pesos por persona y, en muchos casos, las tarifas varían según sean planes familiares, jubilados o personas con discapacidad. Frente al panorama económico adverso, resulta una propuesta accesible para las familias argentinas.
1.756 kilómetros es la distancia que separa a la Biblioteca Benito Nazar de la Perito Moreno. En el predio de la ex terminal de ómnibus de la localidad patagónica de Trevelin, en la provincia de Chubut, desde hace 5 años también funciona un oasis de libros. La cordobesa Paula Tolosa cambió las sierras del centro por las montañas del sur y lleva adelante la gestión integral del espacio que acaba de festejar sus primeros 75 años.
Los campos de tulipanes que florecen en primavera, los picos nevados y la convivencia entre la comunidad local y la galesa, hacen de Trevelin un pueblo de ensueños de la patagonia argentina. En Trevelin viven 12.000 habitantes y mil son socios activos de la biblioteca. En los estantes de la Perito Moreno hay más de 30.000 libros. Tolosa lo describe como un espacio vivo, de disfrute para la comunidad del sur y que también se expande a pesar de las crisis o por ella. En el 2018, lograron ampliar el espacio y entre las mejoras llegó un sector infantil.
Siembra de libros, dice Tolosa con su tonada cordobesa en medio de la Patagonia. Así bautizó la iniciativa que repiten cada 23 de septiembre en el marco del Día de las bibliotecas populares. Junto al equipo de vecinos y vecinas voluntarios colocan canastos en la entrada de la biblioteca y es la comunidad lectora la que se acerca para repartir los ejemplares por el pueblo y “sembrarlos” en diferentes lugares. Esperan que cada ejemplar se encuentre con nuevos lectores y lectoras. También tienen instalada una pequeña biblioteca en el hospital municipal para acompañar la espera.
“La biblioteca es un espacio donde la comunidad encuentra pertenencia. La agenda del espacio se va armando por la demanda que hay, alguien se acerca, propone un taller y sucede. Por mi parte, trato de generar actividades que sean interesantes para la comunidad de promoción lectora.”
Gritos, risas, libros y tableros de ajedrez son imágenes de la última jornada por el Día de las Infancias, sumar el ajedrez fue una idea de un socio. Puede ser una tarde de ajedrez con tableros propios y ajenos; o una merienda a la canasta con lecturas. “Con pocos recursos, se puede hacer mucho”, asegura Tolosa.

Acercarse a leer puede tener diferentes orígenes, pero la experiencia lectora principalmente se da en la escuela. En las escuelas rurales la dificultad de acceso y la falta de presupuesto provocan que este acceso no se dé con tanta facilidad. Son en estos casos que las bibliotecas populares se convierten en piezas indispensables para motivar y estimular la relación entre las infancias y la literatura.
Sierra Colorada y Lago Rosario son dos comunidades a pocos kilómetros de Trevelin. Su población mapuche logró mantener su lengua originaria, el mapuzungun. Aunque aún se la puede oír en comunidades de Argentina y Chile, es considerada una lengua aislada. Se estima que la hablan 20.000 personas, lo que la ubica en ese estado de vulnerabilidad.
Tolosa está convencida que puede ayudar a cerrar la brecha en el acceso a los libros en las comunidades rurales. Por eso insiste en sacar la biblioteca a nuevos territorios. Su esfuerzo funciona. Logró contactarse con una referente literaria que narra cuentos en mapuzungun y ya están planificados encuentros para reunir a las familias a través de lecturas compartidas y espectáculos culturales como el circo y títeres.
Hasta no hace más de diez años, en una biblioteca escolar reinaba el silencio. Mover o tocar algún libro era causal de reto por parte de la bibliotecaria. Por lo general, una señora que miraba por encima de sus anteojos, fijaba la vista en el monitor de su computadora y anotaba en el libro de préstamos, con letra inentendible, el apellido y grado del alumno junto al título que retiraba. Pero el orden estricto, las pocas ganas de invitar a explorar y descubrir el espacio ya son cosas del pasado. Así lo relata la docente en lengua inglesa y Magíster en Psicología del conocimiento y aprendizaje, Romina Mangini.
“Ahora en muchas escuelas las bibliotecas están siempre con sus puertas abiertas. Los niños van al recreo, pueden sacar libros. El objetivo es que si un niño entra al espacio, se vaya con un libro en su mochila. Hoy, salvo que haya una actividad particular, en las bibliotecas escolares hay bullicio, porque hay chicos leyendo, explorando. Esos espacios están vivos.”
Ese espacio es vital, Mangini asegura que, cuanto más temprana sea esa iniciación, más oportunidades de construcción y desarrollo de la alfabetización tendrán los pre lectores.
En el pueblo de Las Lajitas, a 200 kilómetros de la capital salteña, Gloria Pérez es reconocida en la comunidad como la cara de la Biblioteca Popular “Padre José Lali”. Su sonrisa, su presencia, el trato con las personas y el carisma con que lleva adelante el espacio son su sello. Escucha, brinda atención, hace que los libros se muevan, circulen. El espacio funciona desde el año 1992, pero actualmente no cuenta con personería jurídica, lo que le impide comprar materiales mediante los subsidios que otorga la CONABIP. Pérez, entre tantas tareas, también se está ocupando de volver a poner la documentación en orden. Presidenta y encargada desde el año 2009 de manera voluntaria, se enamoró de los libros desde pequeña. Un amor que, primero, le transmitió a sus hijos y ahora a la comunidad. La atención a los alumnos, a los docentes y a los lectores de Las Lajitas; la administración íntegra del espacio; la venta de fotocopias y el diseño de actividades son sus principales responsabilidades. Y tiene ganas de ir por más.
Al igual que ocurre en Trevelin, una vez al año, en Las Lajitas hay Suelta de libros. “La propuesta consiste en poner la mayor cantidad de libros a disposición para que la comunidad, en general, se acerque a la biblioteca, elija uno y se lo lleve. Invitamos también a que lo circulen una vez finalizada la lectura. Es decir que vaya de mano en mano, que no se quede en el camino, que no se quede guardado. Eso es lo más lindo y funciona. Lo vi. Vi cómo la juventud y los mayores se los llevaron. Dejaron los canastos vacíos.”

La Encuesta Nacional de Consumos Culturales es el único relevamiento oficial acerca de los hábitos y preferencias culturales de la población argentina. Desde el año 2013 la realizaba el Ministerio de Cultura de la Nación que ahora es Secretaria. Entre los últimos datos del 2022, sobresale uno: la mitad de la población argentina leyó al menos un libro durante los últimos doce meses. Era un 8 por ciento más respecto de lo relevado en la edición del 2017.
La misma encuesta marcaba que la asistencia a las bibliotecas populares había crecido un 5 por ciento en esos cinco años. El mito de que la juventud no lee quedó desterrado con la encuesta que marcó que el 77 por ciento de las y los adolescentes argentinos leyó al menos un libro en 2022. Las bibliotecarias lo saben, lo viven a diario. Pérez, por ejemplo, sabe que lo que mejor funciona es recomendar según el perfil de cada lector o lectora que se acerca al salón. Sabe también que los libros pueden ser una excelente herramienta para ayudar con las tareas y que el espacio de Las Lajitas sirve a los docentes para dar clases de apoyo y para dictar capacitaciones de oficios como peluquería.
Coronel Pringles es un pueblo bonaerense que se destaca por las obras monumentales del arquitecto Francisco Salamone y que también cuenta con una biblioteca popular dentro del centro cívico. Desde 1932, un grupo de mujeres tiene la tarea de contagiar el entusiasmo a las nuevas generaciones. Y también ellas detectan el crecimiento en los pedidos de libros en los últimos dos años.
Pamela Benítez es secretaria de la comisión desde hace más de 10 años y también directora de una escuela, fue bibliotecaria. Aunque su empleo formal le demanda muchas horas al día, asegura que nunca abandona el compromiso que la biblioteca demanda.
Las familias históricas del pueblo fueron las que lideraron el proyecto de fundar el Complejo Cultural Biblioteca Popular Pringles Asociación Mutual, así de extenso es su nombre como su historia. Ya tiene más de 90 años. El espacio funciona dentro de un edificio propio y se sostiene principalmente gracias al aporte de los 700 socios y socias adheridos, y de dos subsidios que reciben, uno municipal y otro provincial. Otro ingreso proviene de la realización de diferentes talleres abiertos. Las temáticas son amplias: van de la gimnasia, las manualidades, la memoria, la cocina, el telar o la lectura infantil. El Coro Las Achiras y el infantil, las Torcastias, también usan su espacio. Al igual que ocurre en Las Lajitas, la biblioteca se transforma, muta y se adapta.

Encontrar motivación en sostener las bibliotecas populares es un desafío cotidiano para sus responsables. Desde su barrio de la Ciudad de Buenos Aires, Laura Tassara sostiene que lo vivencia en seguir batallando por la cultura, apostando por los libros y por el encuentro con la comunidad. “La gente encuentra en la biblioteca un refugio, al igual que yo”.
"Mi objetivo es lograr que la biblioteca siempre esté abierta para toda la comunidad para garantizar el acceso a la lectura."
Paula Tolosa, con su tonada cordobesa en la Patagonia, está convencida que los libros son puentes entre generaciones y culturas. Desde la Biblioteca Popular Perito Moreno de Trevelin, apuesta a construir esos puentes con las comunidades cercanas, quienes tienen mayores dificultades de acceso a los libros. Resalta que el pensamiento crítico es muy importante para el futuro y para el presente también.
"Las bibliotecas dan sostén, apoyo y acompañamiento a todas las personas que están solas en sus casas y no tiene con quién charlar. Es una actividad de encuentro, distracción y aprendizaje."
Tassara, Pérez, Tolosa y Benítez son cuatro mujeres que lideran cuatro bibliotecas populares en cuatro geografías muy diferentes de Argentina. Ellas no se conocen, pero comparten algo que las une: el amor por la lectura y el impulso para seguir luchando desde sus rincones literarios, por ese pequeño gran fueguito interior que despierta abrir un libro y cambiar de piel, solo por el rato, para vivir mil vidas imaginadas.











